Eje Intestino-Cerebro

Eje Intestino-Cerebro

Posible Revolución en Terapia Psicológica

Se ha demostrado y es campo de gran investigación actual, que el intestino afecta al cerebro y viceversa, a través de rutas inmunológicas, endocrinas y neuronales.

Por ejemplo, se ha encontrado una bacteria intestinal Christensenella minuta con aplicaciones del estado de ánimo como la depresión y la ansiedad.

Muchos estudios están demostrando que la microbiota intestinal participa en la regulación del eje intestino- cerebro y podría ejercer una función importante en trastornos que afectan al cerebro como las enfermedades neurodegenerativas (Parkinson o Alzheimer) y psiquiátricas. Así como del estado de ánimo.

Esto tiene una importancia revolucionaria para el tratamiento que dispensamos los psicólogos.

Hablar del intestino es hablar de su microbiota que intervienen en procesos digestivos, inmune y transmiten genes que nos favorecen. No solo transferencia vertical (genes de nuestros padres) sino horizontal (microbiota y ser humano).

¿Qué quiere decir esto?

Que existe una interacción simbiótica entre el anfitrión (cuerpo humano) y la microbiota (huésped) por tanto evolucionamos juntos.

Influencias que ya se conocen:

1.- La microbiota estimula citoquinas que regulan la inflamación y esto tiene relevancia para prevenir la demencia. Por ejemplo, la neuroinflamación que se produce en el Alzheimer.

2.- La microbiota genera neurotransmisores (bases químicas del pensamiento) cruciales en la alteración psiquiátrica y psicológica. Por tanto, generan importantes neurotransmisores como la serotonina, que es producida por la bacteria Candida, Streptococus. La noradrenalina por Bacillus o Escherichia. La dopamina o acetilcolina mediadoras en la función motora, visión, procesos adictivos, regulación vigilia sueño, la Lactobacillus o Bifidobacterium.

Pensemos entonces que las bacterias que componen nuestra microbiota regulan la generación de transmisores y por tanto, influyen directamente en nuestra conducta y cognición.

La microbiota también se ve afectada por el estrés y el estilo de vida:

A mayor estrés, más cantidad de cortisol que afecta directamente a nuestro intestino.

Si regulamos nuestro nivel de estrés y practicamos un estilo de vida más saludable mejoraremos nuestra microbiota y por tanto nuestra función cerebral.

Cuanto más descubrimos, mucho más complejo se hace descubrir las motivaciones de la conducta humana, siendo influidos por complejos sistemas de interacción.

A partir de aquí tenemos que prestar atención a aquellos alimentos que mejoran nuestra microbiota aportando probióticos (microorganismos vivos) y prebióticos (fibra que alimentan a los microorganismos y favorecen su desarrollo)

Alimentos que influyen en nuestra microbiota: el yogur, kéfir, miso, ajo, espárragos, alcachofas, puerros, cebolla, fibra insoluble (arroz, pan y pasta integral), almidón resistente (patatas, boniatos, legumbres, y avena).

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